Antes de reservar
Japón tiene cuatro estaciones mucho más marcadas que España, y por eso la fecha en que vayas pesa tanto.
El otoño, de finales de octubre a finales de noviembre, es, con la floración de los cerezos, una de las dos mejores épocas: cielo despejado, entre 15 y 20 °C, y los arces que van enrojeciendo de norte a sur durante unas 6 semanas.
El invierno es seco y luminoso tanto en Tokio como en Kioto, frío pero rara vez lluvioso, y es la temporada de los onsen (baños termales), en los que te bañas al aire libre en agua a 40 °C, a veces bajo la nieve.
La primavera es suave, pero concentra la demanda mundial en las 3 semanas de floración de los cerezos, con los precios que eso supone. En cuanto termina la Golden Week, a principios de mayo, las tarifas bajan y el clima sigue siendo suave hasta la temporada de lluvias.
El verano hay que conocerlo antes de reservar: junio trae el tsuyu, la temporada de lluvias, y julio y agosto llegan a 35 °C con un 80 % de humedad. Los templos están más tranquilos bajo la lluvia, y es la temporada de los fuegos artificiales.
El detalle mes a mes (temperatura, lluvia, afluencia) está en la página mejor época para viajar a Japón.
Reservar lo antes posible no abarata el vuelo: un billete (boleto) comprado con 6 meses de antelación casi nunca es una ganga.
Los precios suben claramente en las últimas semanas antes de salir, y comprar muy pronto te garantiza poder elegir, no ahorrar. El bloque «Cómo se mueve» muestra cada día si una bajada se asienta en tus fechas.
Lo que más mueve el precio es el mes de salida, no el día en que compras: adelantar la compra unas semanas cambia mucho menos que cambiar de mes.
En los periodos de más demanda es el alojamiento el que manda en el calendario: un ryokan (posada japonesa) en Kioto a finales de noviembre o en la Golden Week se reserva en cuanto abren las ventas, unos 6 meses antes, mientras que el billete de avión todavía puede esperar.
Solo hay uno: Madrid con Tokio, y lo opera Iberia. Son unas 14 horas y 10 minutos de media en los vuelos que hemos registrado. Ninguna otra compañía cubre la ruta sin escalas desde España.
Desde Barcelona no existe el vuelo directo. Todas las opciones pasan por un centro de conexión, casi siempre europeo o chino, y el trayecto ronda las 15 horas. Verlo en el buscador como «una escala» no es una limitación de esta página: es lo que hay.
Que solo vuele una compañía sin escalas tiene una consecuencia práctica en el precio. Con poca competencia, la tarifa directa se mueve despacio y baja poco, mientras que las opciones con escala compiten entre varias compañías y bajan más.